Autoimagen
Frase de apertura:
<Cuando se encuentran dos personas en verdad se encuentran seis. La persona como se ve a si misma, como la ve la otra y como en verdad es>
Las cosas son o adquieren una dimensión totalmente distinta de significado segun el angulo desde el que se mire. En esta reducción planteada nos enfrentamos a tres versiones de la realidad.
En relación a como se ve la persona a si misma tendriamos que revisar si hablamos de una persona con un desarrollo «sano» de su autoestima y otra con un bajo desarrollo de la misma. El primer desarrollo llamado sano en primera instancia, es una especie de ego desproporcionado en el cual la persona se ve a si misma en una especie de pedestal, una especia de sobrevaloración de sus capacidades y en nuestro lenguaje común le llamamos una «Alta autoestima». En segunda instancia, cuando la visión ha adquirido un rumbo contrario, por experiencias adversas o traumáticas, se desarrolla una subvaloración de las propias capacidades, la persona siempre se reduce, en la acción, inconscientemente, y muestra un lado generalmente opaco de quien es en realidad. Sin embargo, desde esta óptica, la persona afectada con esta visión, no permite una evaluación externa de si misma sin experimentar enojo y negación, al menor roce, a la menor crítica, o a la menor falta de atención, explota de madera desbordada, desmedida.
Una razón detras de estos asuntos psicológicos se encuentra en la aparentemente inherente necesidad que tenemos los seres humanos de sentirnos reconocidos, de sentirnos admirados. Teniendo esta necesidad implantada en nuestra sangre, nos creamos mundos de fantasía, mundos parciales, muchas veces necesarios en primera instancia, que nos permitan disfrutar, al menos en nuestra mente, esta sensación de ser importantes. Entonces creamos 2 mundos segun nuestra preferencia personal, una versión exageradamente mejor de la que somos y otra totalmente opuesta, pesimista.
La tercera opción propuesta habla de como la persona es «en realidad». Pero, entramos entonces en la pregunta: quién es ese o eso que puede indicar la realidad si no soy yo mismo o un externo que me evalúa? Para posicionarnos con buen pie ante esta pregunta lo mas razonable es usar la tecnica «autocrítica ecuánime», tambien llamado «autocrítica imparcial».
El término ecuánime se refiere al mundo de las emociones. Una persona ecuánime mantiene un estado de ánimo estable, positivamente vital, ante las experiencias diarias de la vida. El término imparcial, alude a la visión de helicóptero, lo contrario de parcial, refiriéndose a una estimación de algo procurando verlo en su totalidad, o lo mas cerca de esto posible.
Estos 2 terminos están estrechamente relacionados. Una persona NO ecuánime no puede ser imparcial, y una persona parcial no puede ser ecuánime. La ecuanimidad require de un elevado control emocional, igualmente la imparcialidad.
Cuando una persona se evalúa imparcialmente, se evalúa desde tantos angulos como le es posible, mientras se esfuerza por mantener bajo control la gama de emociones que experimenta al ver partes de si mismo que puede llegar a detestar. Según la fuerza que tenga esta imagen y la respuesta emocional que pudiese desencadenar, se nos hace posible hacerlo por nosotros mismos o requerir, indefectiblemente la ayuda de una persona versada en esto, un especialista.
Lo cierto es, que la imagen construida en nuestra mente, generalmente inconscientemente, de nosotros mismos, es un egregor, una mezcla de muchas cosas, que adquiere vida propia, y se defiende a si misma contra cualquier amenaza o cuestionamiento a su propia solidez. Hay personas que por su formación y experiencias adecuadas en la vida, forman algo interiormente capaz de no identificarse con ese egregor, capaz de juzgarlo, y estas personas adquiere el titulo de «objetivas», «sabias», «ecuánimes», «imparciales», «mesuradas».
Esta propiedad de la ecuanimidad es como todo en la vida humana algo que es entrenable. Muchas escuelas de carácter religioso han abarcado estos campos de la mente, como el Yoga y sus múltiples vertientes, por citar algunas.
En el campo de la diplomacia, siempre hay un mediador, alguién que no está a favor o en contra de las partes y sus intereses, sino que vela porque la solución sea la que beneficie ambas partes, o almenos, que ambas partes lo sientan asi. Nuestro deber para ser humanos verdaderos, inteligentes según la verdaderos definición, es desarrollar en nosotros mismos este mediador imparcial, que pueda salir de nuestros mundos emocionales immediatos, y proponga ideas, comportamientos y actitudes que a la larga beneficien a toda nuestra totalidad. Esta Valoración imparcial de nosotros mismo es la verdadera Autoestima, que considera nuestras virtudes y fallos, que visualiza nuestra potencialidad y se aboca en su desarrollo.
En resumidas cuentas, sin saberlo, somos varios, a veces muchos, dependiendo de nuestros estados de ánimo, y nuestra meta fundamental en la vida debiese ser volvernos uno, un Individuo.
Solamente un Individuo ve realidades, es decir lo positivo en esencia, mientras el resto, subjetivo, personalista, solo ve parcialidades, es decir, fantasías bonitas o feas, pero fantasías al fin, y la fantasías en si mismas están hechas para acabarse, y muchas veces mas dolorosamente entre mas persistencia han tenido en el tiempo.
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