Vida de lucha

 Frase de apertura:

<El arte de vivir se asemeja más a la lucha que al baile, porque requiere estar preparado para soportar contratiempos inesperados y repentinos>


Venimos al mundo en determinadas circunstancias y en esas circunstancias nos vamos moldeando casi automáticamente, sin participacion activa de nuestro aparato racional,  a través del contacto directo entre el ambiente exterior y sus estimulos en nuestro aparato emocional. Hay quienes nacen en ambientes privilegiados, con todo dispuesto para un desarrollo preliminar ideal de su personalidad y otros, en diferencia, en ambientes nocivos, que constituyen un total antagonismo para el desarrollo de cualidades positivas en ese futuro ser humano adulto.


Entre y uno y otro de estos casos extremos, existen una amplia gama de diversas tonalidades, y en su conjunto, mezcladas con las diversas características innatas de cada ser, se forman los distintos rasgos personales que nos hacen tan diferentes a la hora de pensar y de actuar.


Podemos decir que para unos la vida empieza como campo de lucha, y para otros como pista de baile, y para efectos de esta diserción, veremos con el tiempo, adaptados para cumplir sus propósitos, luchadores y bailarines.


Ahora bien, no todos los luchadores llegan a ser buenos en su campo y de igual forma sucede a los bailarines. Para ser bueno en algo, al igual que al preparar una receta culinaria, hace falta la combinación de ciertos ingredientes y una meticulosa preparación y ordenamiento proporcionado de sus componentes.


Empecemos considerando nuestro mundo emocional que bien debiesemos considerar la materia prima de nuestra vida. A partir de el, podremos casi que con altisima probabilidad, intuir el resultado final de esta receta especial. Un cuerpo emocional maltratado, o en su defecto descuidado, desnutrido desde la niñez, constituye una muy mala «materia prima» con la cual lograr construir algo de valor. En este tipo de persona, muy seguramente encontraremos el prototipo de luchador, de alguién que seguramente «arrancará muchas cabezas» ó se «comerá al mundo». Pero, cual será su ganancia al final? Esta persona tendrá un hambre insaciable de muchas cosas, mucha ambición, pero sacará provecho real para el, para un armonioso desarrollo personal? Podrá esta ambición y esta capacidad de lucha aportar algo mas que la conquista de frustantes espejismos?


Para los que bailan desde muy temprano, el futuro les tiene preparado otro tipo de dificultades. Estos «bailarines» muy comunmente tienen «cuerpos emocionales alegres», brillo en los ojos y sonrisas amplias. Tienen una mezcla de cualidades positivas, pero carecen de mirada amplia para ver el mundo a su alrededor, y es que, por que habrían de hacerlo cuando la música de la fiesta está sonando?


Estos «bailarines» prematuros siempre o casi siempre están de fiesta, bien sea porque tienen muchas invitaciones, o disponen de los recursos, muchas veces heredados, que les permiten dedicarse casi exclusivamente a su arte, podriamos llamarlo vivir «La Dolce Vita».


Todo marcha bien hasta este punto y cualquiera diría que estos seres privilegiados son dignoa de una «sana envidia». Pero, que sucede cuando a estos seres les apagan la música? Esa constituye otra historia, repleta de enseñanzas.

Apagada la música, para estos seres empieza el mundo de las desiluciones y las quejas. Empieza a culpar al que colocaba la música, a los demás invitados, a la banda, al mismo salón de fiesta o a la pista de baile, en fin, a todo aquello que antes permitia de alguna u otra forma el baile.


En esta carencia de factores externos favorables para «hacer la fiesta» nuestros bailarines se tornan grises, apagados.  Si esta carencia se alarga en el tiempo, entonces casi garantizadamente, renunciarán a su arte culpando a este de su desgracias y buscarán convertirse en aspirantes a «luchadores». Pero, tiene madera de luchador un bailarin de este tipo?. El problema está en que este tipo de «creación» si no es con música , y con la música acostumbrada, no baila, ni hace nada digno de mención. Y que hay con los «bailarines luchadores» Existe esta especie? De donde provienen estos seres idealizados?.


Hablamos ahora de la preparación de un platillo Gourmet, alta cocina. Claro está, lograr tal cosa especial requiere ingredientes especiales, dosificaciones especificas y no puede faltar, gusto por el arte. Este arte podriamos llamarlo, el arte de querer mejorar progresivamente en el tiempo»


Esta especie poco común, de iniciales bailarines y tempranos luchadores, y viceversa, recibieron en momentos acordes su contraparte complementaria, a través de circunstancias adversas, y lograron asimilar correctamente el mensaje.

La adversidad es el común de la vida. Practicamente algo inevitable. Sin ella, todo muere con el tiempo, el movimiento cesa. Tan raro como pueda parecer a primera instancia, las dificultades son una especie de mineral fundamental; si esta presente en exceso causa perjuicio, y si su carencia rebasa cierto limite lo hace igualmente.


Con un cuerpo emocional perjudicado desde la niñez por exceso de dificultad o carencia de ella, las futuras dificultades que prosiguen en la vida se hacen muy duras. Cualquier cosa se hace pesada en extremo, porque llevamos interiormente una carga que o bien ya roza con nuestro limite de resistencia, o nos ha debilitado por atrofia. Agotamiento ó Atrofia, estas son las consecuencia finales.


Entonces, a lo que aspiramos para lograr el arte supremo es poder bailar mientras luchamos y para eso tenemos que ser nosotros mismos los que coloquemos la música y para esto debemos llevar la música en nosotros, la partitura, y cantarla cada vez que el agotamiento o la pereza nos arrope demasiado. Desde temprana edad en la vida debemos, de alguna forma, aprender a ser verdaderos luchadores, es decir verdaderos bailarines y viceversa, ya que al final de cuentas cada habilidad por separado es inútil a mediano y largo plazo. Como adultos debemos reflexionar sobre estos asuntos y acercarnos a aquellas personas en las cuales podamos ver esta combinación de talentos adquiridos. Igualmente debemos inculcar en nuestros hijos ambas cualidades: capacidad de lucha y capacidad de baile. Cuidar la música que llevamos dentro y la de nuestros hijos es nuestra responsabilidad. También podemos influir hasta cierto punto en «sus gustos musicales». Pero lo mas dificil, es exponerlos deliberadamente ante situaciones donde deban luchar, y luchar en un margen que exceda por poco a su fuerza inmediata, y asegurarnos que lo hagan «bailando».


Porque, a final de la historia y como conclusión: Que le hace falta a una persona que sabe bailar en la adversidad?

Esta persona tendrá ante cada situación que la vida le planteé, los recursos vitales para poder superar sus ruidos mentales, administrar sus emociones, y por ende influir ante si mismo y su entorno para que una nueva música empiece a sonar.

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